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Abengoa y Urbas: genios del mercado.


El mercado de renta variable es, por lo general, bastante fácil de entender: una sociedad que quiere dinero (o dar salida a sus accionistas) emite acciones y las admite a negociación en un mercado donde sus titulares puedan venderlas y otras personas puedan comprarlas y pasar a ser los nuevos accionistas de la sociedad. Estas compras y ventas se hacen al margen de la sociedad, en una plataforma, al precio que libremente acuerden los particulares.

Las acciones “valen” lo que se pague por ellas, pero se emiten con un nominal que establece la sociedad. Esto es, la sociedad puede emitir acciones con un nominal de 5 euros y las acciones pueden comprarse y venderse por un valor superior al nominal o, si las cosas están muy chungas, por un valor igual o inferior al nominal.

Ahora, imaginemos que no se quiere que el precio de cotización de las acciones baje nunca de ese nominal. Imaginemos que una sociedad quiere asegurar a sus accionistas un suelo de cotización del que jamás bajará el precio de su inversión. En tal caso, la solución es la siguiente: pon un nominal igual al mínimo al que se puedan negociar las acciones en el mercado en el que coticen.

La solución es genial. Si en el mercado X las acciones no pueden cotizar por debajo de 0,01 euros, emite con ese nominal y tus acciones nunca valdrán menos de 0,01 euros.

Esto funciona también a la perfección en acciones que se negocien a un precio cercano al límite mínimo al que se puede cotizar (por ejemplo a 0,02 euros en un mercado al que como mínimo se puede cotizar a 0,01 euros) ya que la más mínima variación en el precio de negociación supone modificar la capitalización de la sociedad una barbaridad (que la negociación baje a 0,01 euros supone valorar la compañía en la mitad de lo que valía a 0,02 euros) lo que, a la larga, mantiene el precio de la acción.

El problema viene cuando ese mercado X decide que las acciones en su plataforma pueden cotizar por debajo de 0,01 euros, digamos a 0,001 euros. Esto es lo que ha hecho Sociedad de Bolsas.

Pero Abengoa y Urbas han decidido contraatacar. Han dicho, vale, pues si tu mínimo de cotización ahora es 10 veces inferior (antes era del 0,01 y ahora del 0,001) lo que hago es dividir entre 10 el nominal de mis acciones. Esto se hace a través de un "split" y, a quien tenía 1 acción de Abengoa (o de Urbas), lo que hay que hacer es darle 10 nuevas acciones con un nominal 10 veces menor. Por tanto, la cifra del capital social no cambia, pero dicho capital social pasará a estar dividido en muchas más acciones con un nominal mucho menor.

¿Y la cotización? Pues lo lógico es que como mi capital social ahora está dividido en un número de acciones 10 veces superior al de antes, el precio de negociación baje en la misma proporción y, si la acción antes cotizaba a 0,02 euros, pasará a negociarse a 0,002 euros, pero como el accionista ahora tendrá 10 veces más acciones, se habrá quedado como estaba y sin el riesgo de que al día siguiente el valor de sus acciones baje.

¡La verdad es que deberían poner a estas empresas en un pedestal por cuidar así de sus accionistas!

Espera, espera. No tan rápido. Que todo esto es muy bonito pero tiene una cara oculta de la que no hemos hablado: la liquidez de la acción.

Cuando un accionista compra acciones de una sociedad cotizada, lo que espera es poder venderlas el día de mañana. Deshacer su inversión. Pero si el mercado (los potenciales inversores) percibe que la acción (la sociedad) vale menos que el precio al que pueden adquirir las acciones en el mercado, simplemente no comprarán dichas acciones (o no las comprarán en dicho mercado). Es por ello que el feliz accionista no puede vender sus acciones ya que nadie quiere comprarlas al precio al que cotizan y, como las acciones no pueden cotizar a un precio inferior, su única opción es aguantar. Esto incluso aunque estuviera dispuesto a vender sus acciones por debajo del precio al que las tiene.

Y aquí lo que opina la CNMV de los splits de Abengoa y Urbas.

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